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Industria jabonera en Herencia. Un poco de historia.

Industria jabonera en Herencia

Históricamente Herencia ha sido, y sigue siendo, un pueblo eminentemente agrario y en menor medida ganadero, contó en algunos momentos con actividades industriales, que no solo surtan a sus vecinos, sino que, como en el caso del jabón, permitieron un notable comercio con el exterior.

Fábrica de jabones La Misericordia
Fábrica de jabones La Misericordia

Hasta el siglo XVIII, todo indica que no hubo ninguna actividad de este tipo en el pueblo, lo que parece quedar confirmado por el Apeo de 1578 y las Relaciones de Felipe II, en las que se ve que agricultura y ganadera son las actividades exclusivas.

Durante la segunda mitad del siglo de las luces el importantes crecimiento económico de Herencia producido a lo largo de esa centuria desembocó en la aparición de actividades industriales que diversificaron el panorama. De éstas, las que tuvieron cierta entidad fueron la industria jabonera.

De las fábricas de jabón, las Relaciones de Lorenzana son quienes más información nos dan sobre esta actividad, indicándonos que su producción era comercializada fuera y que supona también la importación de aceites foráneos por no tener suficientes con los del pueblo.

En la segunda mitad del XVIII, la fabricación de este «jabón de piedra» parece haber sido la industria más importante de la villa. Su proceso es descrito en dichas Relaciones de la siguiente forma: ias máquinas que tienen para esta elaboración son unas tinajonas muy grandes de madera o barro donde echan el salicor y la barrilla, en trozos menudos, lo mezclan con cal y por encima echan agua a estos tinajones, y por la parte inferior, por una pita, van destilando las lejas y las llevan a las calderas donde se mezclan con aceite y se ponen al fuego durante doce o quince das, hasta que hierve, momento en el que se abre un conducto que tiene la caldera por la parte de abajo y se deja correr el jabón ardiendo a un cuarto hondo, atravesado por unos alambres tendidos a una cuarta del suelo, los cuales, una vez enfriado el jabón al cabo de unos das, se levantan cortándolo en ladrillos largos, que posteriormente se cortan del tamaño que se quiera.

En 1786, año de realización de las Relaciones de Lorenzana, haba en Herencia siete fábricas de jabón, que como hemos visto utilizaban fundamentalmente como materia prima aceite, leja de barrilla, salicor y cal. Cada una de estas fábricas contaba con una caldera, la cual se utilizaba una media de treinta y cinco veces al año, con una producción cada vez de ochocientas arrobas, lo que nos dara un total al año de 196.000 arrobas de jabón (2.250.000 Kg), cifra que parece demasiado elevada.

La propiedad de estas fábricas estaba en manos de vecinos hacendados, según expresión de las Relaciones, lo que además queda confirmado por algunos datos. As, ya en 1762, conocemos un jabonero que era también dueño de un mesón en Herencia, el cual tena arrendado. Y en 1787, don Vicente Remón de Moneada, uno de los mayores hacendados, aparece también como dueño de una fábrica de jabón.

Aunque sin datos muy concretos, las fábricas de jabón parecen haber sido una actividad muy rentable, que ocupaba también a algunos asalariados y, sobre todo, que serva como inversión de los beneficios excedentes de la actividad agraria al igual que en el caso de los molinos. Hecho que quedara confirmado porque estas industrias están en manos de individuos cuya riqueza principal continúa siendo la agricultura y la ganadera, en las que aparecen como los mayores propietarios.

Fuente: del libro, Herencia y la orden de San Juan

San Cristobal, villacentenos y otras confusiones históricas sobre la ubicación de Herencia

Durante muchos años hemos escuchado de boca de nuestros abuelos, cómo Herencia, hacía muchos años, se encontraba al otro lado del Cerro de San Cristóbal. Desde allí unas fiebres, decían, habían empujado a sus habitantes hacia la actual ubicación de la localidad. Esta historia se veía apoyada, no solo por la tradición oral, sino también por la presencia en aquella zona de lo que parecían ser restos “de ollas, cacerolas y otro tipo vedríao.” Curiosamente, esta historia a veces se entremezclaba con la de la extinta localidad de Villacentenos, ubicándola precisamente justo tras el mencionado cerro.

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La batalla de la Bólliga y otros altercados contra los franceses

Anecdotario

Serie de artículos escritos por Ángel Martín-Fontecha Guijarro

Con la declaración de la Guerra de la Independencia, en mayo de 1808, los ejércitos franceses asentados en la península reclamaban suministros a todas las localidades de la geografía nacional. Herencia estaba obligada continuamente a mandar ayudas a Villarta, donde se encontraba asentado el ejército de Napoleón. Según la memoria escrita por el fraile Ramón Celedonio de Herencia en Agosto de 1808, los herencianos apenas contribuían a esas ayudas, pero la situación se agravó considerablemente cuando los franceses, en el mes de junio, requirieron a la localidad, para la Tercera División de su ejército, un total de ochenta carruajes. La negativa de la población herenciana fue absoluta y los franceses aseguraron que irían a por los carros, que desoirían al pueblo y que le pegarían fuego. A raíz de este hecho los acontecimientos violentos se precipitaron y toda la población herenciana se armó para repeler el posible ataque de los extranjeros.

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Ante el devenir de los acontecimientos se crea una Junta Local, compuesta por representantes del pueblo y bajo la vigilancia del párroco (Don Manuel González Salcedo) y de los eclesiásticos regulares, para tomar las decisiones oportunas ante el cariz que tomaban los acontecimientos y para vigilar a los que sintiesen , en mayor o menor medida, simpatías hacia los franceses (afrancesados).

Las intimidaciones se sucedían constantemente hasta que llegó el verano de 1808. Esos días una parte del ejército francés se encontraba en Puerto Lápice y, una vez llegada la noticia a Herencia, sus habitantes se empeñan en salir al Camino Real para hacerles la guerra “a cara descubierta”. Ante la frágil oposición de la Junta Local, no se pudo impedir que saliesen continuamente patrullas de herencianos que asaltaban, por sorpresa, a los franceses con el deseo de producir bajas en sus filas y sustraerles todo tipo de pertrechos bélicos.

En las cercanías de Herencia, no hubo ningún hecho bélico trascendental para toda la nación, aunque sí hubo alguna que otra refriega que pone de manifiesto la animadversión existente ante el invasor. Así, y manteniendo la información ofrecida por Ramón Celedonio, cabe destacar el “ataque dado, y victoria conseguida por la partida de Herencia de las tropas francesas que regresaban de la Andalucía el 22 de julio en la Vólliga”.

Los acontecimientos se sucedieron de la siguiente manera:

“… EL DÍA 22 DE JULIO A LAS 10 DE LA MAÑANA, SE PRESENTA EN LA INVENCIBLE VILLA DE HERENCIA UN HOMBRE CON LA NOTICIA DE QUE EN VILLARTA HAY UNA PARTIDA DE ENEMIGOS QUE REGRESABAN DESDE ANDÚJAR PARA MADRID; QUE SU SALIDA SERÍA A LAS CUATRO DE LA TARDE…. APENAS SE OYE ESTA NOTICIA CUANDO EL PUEBLO TODO SE PONE EN MOVIMIENTO. EL ENTUSIASMO PATRIÓTICO SE HACE GENERAL, EL CELO POR LA DEFENSA DE LA PATRIA, DE SU REY Y DE SU RELIGIÓN, SE DEJA VER EN TODOS, Y SIN INFORMARSE DE LAS FUERZAS DEL ENEMIGO SE DISPONEN PARA SALIRLE AL ENCUENTRO. NO ES DECIBLE EL HEROÍSMO CON QUE SE PORTÓ CADA UNO”.

Al final de los preparativos bélicos, el pueblo de herencia tiene preparado a las doce de la mañana ochenta y cuatro hombres de caballería e infantería, acompañados de otros ocho hombres de Alcázar y cuatro de Villarta. Dirige esta tropa Don Antonio Foxá.

Se dirigieron a la Vólliga, pero parece ser que un traidor había advertido a los franceses y éstos adelantaron la marcha para no ser atacados.

La desilusión de las fuerzas herencianas se hizo patente, pero los acontecimiento dieron un giro radical cuando al poco tiempo divisaron una partida de cuarenta franceses, que escoltaban un correo del rey francés José I. El choque fue inevitable.

El fuego cruzado duró más de una hora hasta que se produjo la rendición de los franceses. Sin embargo, parece ser que “estando los franceses bajo de palabra de honor, y al tiempo mismo de entregar las armas, hicieron una descarga”. Las consecuencias fueron dramáticas, todos los prisioneros franceses fueron muertos pasados a cuchillo, y como botín de guerra se requisaron los cincuenta pliegos que conducía el correo.

En la jornada siguiente, es en Villarta de San Juan donde se van a producir una sucesión de hechos de mayor o menor trascendencia militar. Al principio todo se convierte en unas declaraciones de intenciones bélicas. Así, según los franceses hoy una descubierta sobre Villarta ha sido atacada por 36 hombres bien armados y seis de caballería…..; estaba reforzada –la descubierta- por 60 coraceros conduciendo enfermos y el coche del general Gubert. Nosotros no hemos tenido ninguna pérdida. Se han disparado algunos tiros en todo el camino de Madridejos y Santa Elena. Los paisanos han vuelto a tomar mucha audacia e insolencia y no se puede pasar si no es con fuertes escoltas”. Al día siguiente precisaba el comandante que quienes realizaron el ataque eran contrabandistas de Herencia y Camuñas.

Al día siguiente, la situación se complica, llegan noticias a los pueblos de la comarca “de que en Villarta hay tropa francesa que amenaza a este infeliz pueblo, y que es probable que lo incendien y saqueen”. De nuevo una partida herenciana compuesta por dieciocho hombres de caballería y treinta y tres de infantería se unen a catorce de Villarrubia y cuatro de Alcázar para socorrer a la vecina localidad.

Consiguen levantar el asedio que sufría Villarta y según las fuentes españolas se habla de ciento ochenta bajas francesas.
Tras el suceso de Villarta, un nuevo aviso informa de la presencia de otros setenta soldados franceses que se encontraban en el camino de Manzanares. De nuevo, otra escaramuza provoca el fin de los extranjeros, “los que no mueren en la acción, son conducidos a la vega y pasados a cuchillo”.

El resultado de las acciones de estos días tres o cuatro días son: la muerte de doscientos noventa y un soldados franceses; el requisamiento de un correo de cincuenta pliegos; la detención de un General, un Coronel y un Capitán y otros oficiales cuya graduación se confundía entre su misma sangre; se les ha cogido cuatro carros cargados de pertrechos bélicos, una tartana, cuatro caballos, …… De las bajas herencianas, sólo se hace cuenta de un hombre.

Para que veamos la importancia que los lugareños daban a estas campañas marciales, veamos como describe el Fraile Celedonio a uno de los héroes de estas jornadas: “… pero no podemos pasar en silencio el heroísmo de un venerable anciano, que ha ceñido sus canas con una inmortal corona, que ha sacrificado los últimos periodos de su vida en defensa de su patria, de su Rey y de su Religión. Este anciano, no obstante de ir en la partida dos de sus hijos y un nieto, se incorpora con al infantería y hace prodigios de valor. Trepa por los olivares, corre por el camino Real, desmintiendo la pesadez propia de un hombre de ochenta y siete años: más ágil que las águilas imperiales, vuela a todas partes, renovándose su juventud….”

El citado fraile Ramón Celedonio cuantifica, para todo ese verano, en su memoria escrita, las bajas francesas a manos de los herencianos en más de seiscientos hombres.

Autor: Ángel Martín-Fontecha Guijarro

Las vueltas que da la vida

Anecdotario

Serie de artículos escritos por Ángel Martín-Fontecha Guijarro

El año pasado, Javier Fernández-Caballero Díaz-Meco se hacía eco de la noticia aparecida, en su momento, en el periódico ABC sobre una novillada que se había realizado en Herencia el 25 de Julio de 1930. Como nos indicaba en su artículo, el festejo se desarrolló en una “plaza acogedora” situada en el barrio de San Antón y en él intervinieron los novilleros Laurentino Carrascosa y Perete.

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La Religión en Herencia en el siglo XIX

Anecdotario

Serie de artículos escritos por Ángel Martín-Fontecha Guijarro

Durante todo el siglo XIX, la historia de España se vio envuelta en una convulsión social y política continua. Empezando por la Guerra de la Independencia (1808-1812), pasando por el reinado de Fernando VII (1812-1833) y sus diferentes etapas –Absolutismo, Trienio Liberal, Década Ominosa-, y siguiendo por los siguientes hechos históricos –Regencia de Mª Cristina, Primera Guerra Carlista, Regencia de Espartero y Reinado de Isabel II-; toda la sociedad española se vio envuelta en numerosas agitaciones según los vientos que corrieran en las altas esferas políticas del país.

Pero en las siguientes décadas, las conmociones políticas no cesaron. Al sexenio democrático (1868-1873), iniciado con una Revolución y continuado con el reinado de Amadeo de Saboya, le siguió la 1ª República Española (que duró sólo once meses y también acabó drásticamente) y posteriormente el reinado de Alfonso XII (hasta 1885).

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