El Quijote – Reflexiones

El Quijote – Reflexiones

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Decía don José Ortega y Gasset que todavía aguardaba Cervantes sentado en Los Elíseos a que le naciese un nieto que le entienda, y decía esto porque se trata de una obra críptica, de doble sentido o lenguaje, para cuyo entendimiento no basta con la simple lectura material o formal, además de no fue escrita para lectores del siglo XX, sino para aquellos que acababan de ver morir el siglo XVI y tenían frescos todavía en la memoria los sucesos acaecidos poco tiempo atrás.

El 9 de diciembre de 1616 el Marqués de Villafranca, Don Pedro de Toledo y Osorio, escribía una carta cifrada desde Valencia de Pó al rey Felipe III, diciéndole entre otras cosas: Majestad: El Duque de Mantua me ayuda cuanto puede y trae al Monferrato la gente que tiene… Es su ocupación ahora visitar esta dama – marquesa Ardicina- y leer en DON QUIJOTE. (En el capítulo V de la obra, Pedro Alonso menciona al Marqués de Mantua y la segunda parte de “El Quijote” se publicó en 1615).

Este sentido oculto de El Quijote ha sido la causa de que a lo largo del tiempo se hayan hecho lecturas muy diferentes, hasta el punto de que se ha llegado a decir que hay tantos Quijotes como lectores de la obra. Don José Cadalso decía del Quijote: el sentido literal es uno y el verdadero es otro muy diferente…

Lo que se lee es una serie de extravagancias de un loco, pero lo que hay debajo de esta apariencia es en mi concepto un conjunto de materias profundas e importantes. Ramiro de Maeztu a su vez escribía: “Grande es la simpatía que me inspiran aquellos críticos esotéricos como Díaz de Benjumea o el coronel Villegas, que se han negado a ver en El Quijote una producción meramente literaria, y han querido encontrar un tratado de estrategia, de psiquiatría, de teología o de política”. Por su parte, el coronel don Baldomero Villegas reprochaba a don Marcelino Menéndez Pelayo que no viera en El Quijote más que una obra literaria, llegando a decirle que no lo había sabido leer.

En realidad la propia obra avisa de este cripticismo, pues véase lo que dicen estos versos de cabo roto que Urganda la Desconocida dedica “Al libro Don Quijote de la Mancha” tras el Prólogo:

“Si de llegarte a los bue- [nos]
Libro fueres con letu- [ra]
No te dirá el boquirru- [bio]
Que no pones bien los de- [dos]
Mas si el pan no se te cue- [ce]
Por ir a manos de idio- [tas]
Verás de manos a bo- [ca]
Aun no dar una en el cla- [vo]”.

Quien escribía esto (¿Lope de Vega?), estaba admitiendo que es un libro con claves, pues sospecha que algunos no van a dar una en el clavo. Y al mismo tiempo que son claves inteligibles (cosa lógica, pues si pretendían ser entendidos no iban a perder el tiempo usando claves indescifrables), y que quien las entendiese admiraría el ingenio de sus autores, lo bien que habían puesto los dedos o que lo habían escrito. Cuán ciego es aquél que no ve por tela de cedazo, le dice el Barbero a Don Quijote (Cap. II, I). Y es que las historias son las tramas y urdimbres por donde pasa la luz.

Los nombres de Dulcinea, Quijote y Rocinante le parecían al hidalgo muy “significativos” y, tras discurrirlos, al hidalgo se le califica de Ingenioso, hasta entonces tratado de famoso.


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