Cuento que trata de la dueña dolorida

Cuento que trata de la dueña dolorida

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Es un capítulo muy triste aunque tiene algunas partes cómicas. Don Quijote y Sancho Panza todavía están con el Duque y la Duquesa. A la Duquesa le gustaba hacer bromas de Quijote y Sancho. Éste tuvo que darse al final del último capítulo tres mil y trescientos azotes en sus posaderas para desencantar a Dulcinea del Toboso.


El otro día la Duquesa preguntó a Sancho si se había dado los azotes. Y Sancho dijo: “Sí, me he dado cinco azotes.” Y la Duquesa quiso saber con qué se los había dado – “con la mano!”. Ella se enfadó un poco y dijo que Merlín no estaría contento y que no se podría dar la libertad a la gran señora Dulcinea de manera tan barata. Pero esto a Sancho le dio más o menos igual.

Después se fueron al jardín y comieron. Cuando habían terminado y levantado, llegaron unos hombres vestidos de luto y doce dueñas. Apareció la condesa Trifaldi que se llamaba dueña dolorida también y dijo con ironía: “Confiada estoy, señor poderosísimo, hermosísima señora y discretísimos circunstantes, en que ha de hallar mi cuitísima en vuestros valerosísimos pechos acogimiento. Pero antes quisiera saber si está aquí el caballero don Quijote de la Manchísima y su escuderísimo Panza.” Sancho respondió: “El Panza, aquí está; y el don Quijotísimo también, y así podréis, dolorosisíma dueñisíma, decir lo que queráis; que todos estamos prontos a ser vuestros servidorísimos.” Trifaldi dijo así que estaba muy dolorida y que necesitaba la ayuda de don Quijote. Veis que las frases son muy humorísticas con todos estos superlativos – Quijotísimo, servidorísimos, etc. Toda la gente se rio de la respuesta de Sancho y estaba muy contenta porque esta historia de Trifaldi era también una broma de la Duquesa.

Entonces, Trifaldi empezó a contar su historia:

“La reina doña Maguncia es la viuda del rey Archipiela. De este matrimonio hay una chica, la infanta Antonomasia que se casó secretamente con un príncipe por eso ella murió. Cuando la gente enterraba a Maguncia apareció el gigante Malambruno, el hermano de Maguncia, un cruel encantador. Este encantó a don Clavijo y a la infanta, y escribió una carta en que se dice que él no va a desencantarlos hasta que el valeroso don Quijote haga batalla con Malambruno. Desde aquí, todas las dueñas del palacio tienen barbas.”

Don Quijote decidió socorrer a las dueñas. Y la Trifaldi dijo que el reino de doña Maguncia estaba muy lejos de aquí si se iba por tierra; si se iba por aire y en línea directa el camino sería sólo de tres mil leguas (16500 km). Dijo también que Malambruno enviará un caballo de madera que vuela por el aire muy fácilmente cuando se tiene la clavija. En ese caballo cabían dos personas y se llamaba Clavileño.

En esto, entraron por el jardín cuatro hombres que llevaban un gran caballo de madera. Uno de los hombres dijo que los que subían debían que cubrirse los ojos con un paño para que no enfermasen. Don Quijote se vendó los ojos y subió, pero Sancho no quería al principio y luego subió con mala gana diciendo adiós cuando se vendó los ojos. Don Quijote cogió la clavija y la gente en el jardín dijo adiós y algunas cosas irónicas como: “Dios te guíe, valeroso caballero” o “Sancho, mira no caigas!” etc.

Sancho mencionó a don Quijote que cómo era posible oír las voces a esa altitud. Pero don Quijote le pidió que no se preocupara de tales cosas. Entonces, los dos creían que volvían ya, aunque estaban todavía en el suelo. El Duque y la Duquesa estaban muy contentos y decidieron terminar esa aventura, haciendo una cosa muy triste: pegaron fuego al caballo donde se encontraba una substancia explosiva. El caballo voló por los aires con extraño ruido, y don Quijote y Sancho cayeron al suelo medio quemados.

Las dueñas, con Trifaldi y los del jardín se tiraron al suelo para que don Quijote y Sancho pensaran que había pasado algo. Cuando se levantaron y se hubieron quitado los paños, don Quijote vio un pergamino en el que estaba escrito que el valeroso caballero don Quijote había terminado la aventura de la condesa Trifaldi. Don Quijote se alegró y se lo dijo al Duque. La Duquesa preguntó a Sancho que cómo le había ido en aquel largo viaje. Sancho respondió orgullosamente que sintió que iban volando por la región del fuego y que se había quitado el paño sin que nadie lo viese. De ese modo pudo mirar hacia la tierra y ver que los hombres eran muy pequeños, como avellanas. La gente no preguntó más.


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