Conociendo a Don Quijote de La mancha

Conociendo a Don Quijote de La mancha

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Don Quijote de la Mancha se deleitaba con la excesiva lectura de libros de Caballería, de entre los cuales le apasionaba el texto escrito por Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas intrincadas aventuras le parecían admirables, más aún cuando llegaba a leer las cartas de desafíos.

Con estos textos de Caballería Don Quijote perdía el juicio, hasta concebir la necesidad de convertirse en Caballero Andante e ir por todo el mundo con sus armas y su caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído. Le inspiraba la idea de deshacer entuertos, poniéndose en ocasiones en peligro para cobrar fama y nombre.

El Caballero decide bautizar a su flaco caballo con el sonoro nombre de “Rocinante”, llamarse a sí mismo Don Quijote de la Mancha, tomar a su servicio un fiel escudero, quién tenía por nombre Sancho Panza y, por último, Don Quijote decidió encontrar nombre para su dama -a la cual le dedicaría sus hazañas- inspirándose en una moza que vivía en los alrededores y que era de buen parecer, aunque según se entiende, ella jamás supo lo que para el Caballero Don Quijote ella representaba. De esta manera vino a llamarla Dulcinea del Toboso.

Hechas, pues, éstas prevenciones, no quiso Don Quijote guardar más tiempo a poner en efecto su idea, apretándole a ello la falta que él pensaba hacía en el mundo. Su tardanza no sería otra cosa que dar pie a mayores agravios y habría, entonces, mayores sinrazones que enmendar, abusos que mejorar, deudas que satisfacer. Fue así que, sin dar razón a persona alguna y sin que nadie le viera, una mañana; antes del día más caluroso de julio, se vistió con su supuesta armadura, veló sus armas, montó a Rocinante y así se produjo la primera salida que de su tierra, hiciera el Caballero de la triste figura….

Muchas y muy diversas fueron las aventuras que vivieran Don Quijote, Rocinante y el escudero Sancho Panza; como aquella en la que el Hidalgo arremetió en contra de los molinos de viento, creyendo firmemente que éstos eran gigantes y que había que terminar con el peligro. Peleas, prisiones, mares, pueblos, aldeas, tabernas… fueron los escenarios en los que se desarrollaron insólitos acontecimientos, protagonizados por Don Quijote y su compañero Sancho Panza, sin olvidar la compañía que éstos tuvieron de curas, bachilleres, barberos, pastores, prostitutas, cirqueros.

Varias veces, la vida de Don Quijote de la mancha se vio en peligro o bien se encontró en situaciones delicadas, sin que su escudero, Sancho Panza, decidiera abandonarlo. Algunos ignoraron el camino del Hidalgo, mientras otros lo tildaron de loco; sin embargo y pese a las criticas que despertaba su andar,

Don Quijote no se desanimaba ni perdía su fe; por el contrario, en su pleno desvarío, centró su locura en la castidad o al menos la procuró, prometiéndose en su corazón no cometer alevosía en contra de su señora Dulcinea del Toboso.

Melancólico regresó Don Quijote de la Mancha. Quizá a causa de esa melancolía producida por la derrota o porque había llegado su hora, estuvo delirando sin que su fiel escudero de apartase de su lecho.

Yace aquí el Hidalgo fuerte
que a tanto extremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de su vida con su muerte.
Tuvo a todo el mundo en poco;
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir poco.


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